Los Huéspedes Felices llevan explorando los territorios Folk-Rock-Psychedelicos desde hace dos déca

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Los Huéspedes Felices llevan explorando los territorios Folk-Rock-Psychedelicos desde hace dos décadas; incansables en su búsqueda, a pesar de los múltiples cambios de formación a lo largo de los años, han seguido cuidando de sus pocos pero incondicionales fans a base de pequeñas colecciones de canciones con las que, de cuando en cuando, les sorprenden.

jueves, julio 09, 2015

RELATOS FELICES

 Hoy el relato feliz lo dedicaremos a la todavía humeante reedición de Sol de invierno, más concretamente a su grabación y las circunstancias que la rodearon:

   Empezaba 2006 y había llegado el momento de volver a grabar: teníamos nuevas canciones, un nuevo guitarrista que aportaba frescura y en cierto modo volvíamos a estar enchufados. Al mismo tiempo necesitábamos un aliciente en cuanto a como afrontar la grabación así que por primera vez desde Pennyroyal Park  nos planteamos seriamente volver a un estudio "de verdad"; pensábamos que a esas alturas y con esas canciones, deberíamos intentarlo de nuevo. Partiendo de la premisa fundamental de  que habría que rascarse el bolsillo para ello, nos centramos en buscar opciones que no nos supusiesen un gran gasto, lo que sumado al rompecabezas que sería organizarnos para ensayar a fondo e ir a grabar sin que pasase mucho tiempo -esto siendo quienes éramos era asumir demasiado riesgo- acabó dando al traste con la idea y el temor al precedente de Pennyroyal Park se impuso (hacer las cosas bajo presión monetaria, no quedar contentos y tener que terminarlo por nuestra cuenta después de haber perdido el dinero y el tiempo). Por suerte, y cuando ya descartáramos la idea de volver a un estudio al menos de momento, descubrimos que por esas fechas en la casa de Limodre donde habíamos ensayado en su día cuando Sergio se mudó a Madrid, Oscar había montado un buen equipo y una infraestructura cómoda para grabar, además de que era de la familia feliz y por lo tanto había la suficiente confianza para que entendiese las cosas sin muchas explicaciones. No hizo falta darle más vueltas. La “casa-estudio” (el empuje y precedente decisivo para montar Estudios B77) tenía dos plantas y llevaba tiempo deshabitada, pero no el suficiente como para que no estuviese operativa; en la planta baja estaba la cocina, una sala y el baño; en la planta superior había cuatro habitaciones: la primera frente a la escalera según se subía era donde Oscar había montado el control, la siguiente también a mano izquierda avanzando por el pasillo, la utilizamos para voces y guitarras acústicas; frente a ella a mano derecha la que servía de almacén para los estuches de las guitarras y equipo que no usábamos, y finalmente al fondo estaba la que se utilizaba para ensayar, que era donde estaba la batería e instrumentos eléctricos. Nos instalaríamos en la casa durante el mes de Marzo para ensayar y grabar, sin preocuparnos de buscar fechas concretas, o de cuando vendría Dani (quién a principios de año se había trasladado a vivir a Madrid). Además teniendo todo el equipo allí se podía avanzar sin necesidad de estar todos a todas horas, y salir de la seguridad del desván de Sergio quizá nos hiciese ponernos las pilas. El plan era perfecto y aún contando con algún imprevisto, tendríamos terminado en Abril. Empezamos y en un par de días teníamos en marcha Sol de invierno, Balada para Morís, Sesión de tarde y Lorne Greene…hasta que recibimos el aviso por parte de los dueños de la casa de que la habían vendido y que teníamos que desalojarla…no podía ser peor y una verdadera lástima; en aquel sitio, además de ser lo más parecido a un estudio de grabación, fue donde más cerca estuvimos en todos estos años de volver al espíritu de Aventuras en Felicia pero con mucha mejor calidad de grabación.
    Después de sacar todo el equipo pasamos semanas intentando encontrar un sitio donde instalarnos; el desván de Sergio se antojaba inviable para poder hacer una grabación rápida y ordenada por la sencilla razón de que no podíamos ir cuando quisiéramos. La vieja escuela tampoco estaba disponible y ni siquiera encontrábamos un local que nos quisieran alquilar. Al final hubo que claudicar y optamos por utilizar el desván de Sergio cuando él estuviese, y la casa de Álvaro el resto del tiempo principalmente. Eso suponía desplazar además de los instrumentos y amplificadores, todo el equipo de grabación: el pc, previos, microfonía, cableado…montar y desmontar casi siempre el mismo día y cruzar los dedos para que todo el mundo estuviese enchufado y se aprovechase la sesión. Demasiados condicionantes en juego y demasiado trabajo en el que no todos se implicaron. Por supuesto descartamos terminar antes del verano…pero nadie habría imaginado que aquello que debería ocuparnos unas semanas acabaría devorando meses y meses...


(continuará)

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